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Santos del Ecuador

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Santo Hermano Miguel

Nació en Cuenca, Ecuador, el 7 de Noviembre de 1854. Falleció el 9 de Febrero de 1910 en Premiá de Mar, España; el 9 de Febrero de 1923 Monseñor Manuel María Pólit inició el "Proceso informativo sobre la vida y virtudes del Hermano Miguel". Pio XI, firmó el decreto de introducción, a la causa de Beatificación, Paulo VI, lo Beatificó el 30 de Octubre de 1977. Juan Pablo II, lo Canonizó el 21 de Octubre de 1984.  Se lo venera los 13 de Abril, de cada año. Fué el segundo Santo Ecuatoriano

Su nacimiento

Hijo de Don Francisco Febres Cordero Montoya y de Doña Ana Muñoz Cárdenas. Aquel 7 de Noviembre de 1854, en una colonial casa situada en la calle Real, hoy Bolivar, de la ciudad de Cuenca - Ecuador, hay inacostumbrado movimiento. Caballeros de blasonada prosapia. Señoras vestidas a la española y cholas con policromas polleras, pregonan el suceso: !Doña Anita ha dado a luz a un niño! Había nacido el Santo Miguel Febres Cordero.

Perteneció a una familia entroncada con uno de los más eminentes jefes de la Independencia de Guayaquil, el General León de Febres Cordero y Oberto, primo hermano de su abuelo Joaquin Febres Cordero Oberto.

La Fe de Bautismo

En el año del Señor mil ochocientos cincuenta y cuatro, en quince de Noviembre, siendo yo el Presbítero Lucas Iglesias, Cura Rector de Turno en esta Santa Iglesia Catedral de Cuenca, bautizo solmnemente con mi licencia, puso oleo y crisma el Sr. Dr. Miguel León, a Francisco Luis Florencio, hijo legítimo de los señores Francisco Febres Cordero Montoya y Ana Muñoz Cárdenas; fueron padrinos el Sr. Joaquín Febres Cordero Montoya y Mercedes Cárdenas Arciniegas, abuela materna del Hermano Miguel.

El niño de pies deformes que llegó muy lejos.

Cuando Miguel Febres Cordero era muy niño, todos le tenían lástima por sus pies deformes. Pero pocos educadores han llegado tan lejos como él en éxitos educativos.

El día de su nacimiento sus padres tuvieron una gran tristeza al ver que el niño tenía los pies deformes. Y a los cinco años el pequeño todavía no había dado los primeros pasos.

Pero sucedió que un día observando un rosal florecido en el jardín de su casa gritó: "Miren qué hermosa es la señora que está sobre las rosas" . Acudieron los familiares pero no vieron nada especial; sin embargo el niño seguía diciendo: " Miren cómo es de hermosa. Tiene un vestido blanco y un manto azul y me llama" . Y luego todos quedaron maravillados al ver que el niño se levantó y comenzó a caminar. Estaba curado. La Virgen había empezado a ayudarle de manera impresionante.

Lo llamaron Hermano Miguel

Miguel deseaba ser Hermano Cristiano, pero sus familiares se le oponían porque ellos eran de clase rica y en cambio aquellos religiosos vivían muy pobremente en ese tiempo en Ecuador. Lo envían a otro instituto pero allí se enferma y tiene que volver a su casa.

El gran Presidente del Ecuador, católico ejemplar y mártir, Gabriel García Moreno, hizo llegar a su país a los Hermanos Cristianos, formidables educadores. Y estos buenos religiosos fundaron un colegio en Cuenca, y allí fue matriculado Miguel Febres, el cual quedó encantado de las cualidades pedagógicas que tiene los Hermanos de la Salle. Francisco debió superar la oposición de su familia para realizar su vocación de religioso laico, En 1868 vistió el hábito de los Hermanos Cristianos de La Salle, con el nombre de Hermano Miguel, siendo el primer ecuatoriano admitido en el Instituto. Miguel sobresalía entre los alumnos por su gran inteligencia pero sobre todo por su inmenso deseo de aprender. Cuando los demás alumnos se iban a sus casas, él se quedaba en el colegio repasando sus lecciones y ayudando a los religiosos en los oficios de la casa. Ellos empezaron a tenerle gran aprecio y especial cariño.

El trabajo del Hermano Miguel desde que entra a la comunidad hasta su muerte será sumamente intenso y no conocerá descanso ni tiempos perdidos en inutilidades. Dedicado de tiempo completo a ser útil a los demás, todas las horas del día dando clase, enseñando catecismo, atendiendo enfermos, estudiando idiomas (logra hablar cinco idiomas: alemán, inglés, italiano, francés y latín) y escribiendo libros.

El Hermano Miguel se ha convencido del enorme influjo que las buenas lecturas ejercen en las personas. Para muchos será más provechoso leer un buen libro que escuchar un sermón. Hay gente a la cual el Señor Dios les quiere hablar por medio de una buena lectura, y allí en las páginas de un libro formativo les espera la gracia divina para transformarlas. Por eso nuestro santo se dedica con una actividad casi increíble a propagar libros formativos entre el pueblo.

Es interesante constatar que el Hermano Miguel, sin haber hecho cursos especiales, sólo con el propio esfuerzo por autoformarse y autoinstruirse, logra llegar a publicar más de cien libros en una nación pequeña como es Ecuador. Muchos de sus libros son adaptaciones de obras que habían gustado en otros países. El estilo que nuestro hermano tenía para dar clases era muy ameno y agradable, y ese mismo estilo fue el que empleó en los libros que publicó. Por eso agradaban tanto a la gente sencilla.

Su título más importante

No había cumplido todavía los 20 años cuando publicó la primera de sus numerosas obras, una gramática española que se transformó rápidamente en un clásico. En el transcurso de los años sus investigaciones y sus publicaciones en el ámbito de la literatura y de la lingüística le pusieron en contacto con expertos del mundo entero y fue nombrado miembro de las Academias nacionales de Ecuador, de España y de Francia. Pero más que estos honrosos títulos mundanos, un título que él apreciaba inmensamente era el de "Preparador de niños a la Primera Comunión" . Por 26 años seguidos preparará tandas y tandas de niños cada uno a recibir la primera vez a Jesús en la Eucaristía.

 

Sus alumnos admiraron su sencillez, su franqueza, la atención que les prestaba y la intensidad de su devoción al Sagrado Corazón y a la Virgen María.

En 1907 los Superiores Mayores de su congregación lo invitaron a que fuera a Europa a dirigir la publicación de libros que la Comunidad repartió por muchos países. Se dirigió a Bélgica, pero el clima de aquel país, con sus inviernos tan rígidos, le afectaron la salud. Fue transferido al Noviciado menor de Premiá de Mar, en España, allí se ocupó de evacuar por mar, hacia Barcelona, a los jóvenes que estaban bajo su responsabilidad, durante los desórdenes revolucionarios de 1909. Poco tiempo después tuvo la posibilidad de volver a Premiá de Mar. Pasado esto, contrajo una neumonía y falleció el 9 de febrero de 1910 en Premiá de Mar, dejando tras él fama de sabio, de enseñante y de santo.

En Enero de 1937, durante la guerra civil española, sus restos fueron arrojados de la sepultura, por las milicias rojas, pero el Cónsul del Ecuador en Barcelona, Lic. Colón Serrano, los buscó y envió de regreso a Guayaquil, en el Vapor "Orazzio"; llegaron el 5 de Febrero y fueron conducidos a la capital.

La Orden Lasallana decidió conseguir su santificación en Roma y en 1913 el Hermano Paul Joseph escribió una Biografía en Francés, titulada "Un Religieux Equaterien".

Después de su muerte empezaron a obtenerse milagros maravillosos por la intercesión del Hermano Miguel, y el 21 de octubre de 1984 el Papa Juan Pablo II lo declaró santo.

Oración

San Miguel Febres Cordero: te rogamos por todos los que en el mundo se dedican a publicar, o a difundir buenas lecturas. Haz que a imitación tuya nos gastemos y nos desgastemos por llevar a muchos otros ese mensaje salvador que es un libro religioso. Recuérdanos a todos que leer periódicos es leer para olvidar, pero que leer un buen libro es leer para recordar. Y que abrir un libro espiritual es empezar a escuchar mensajes salvadores del Dios del cielo.

Propósito: Recordaré aquel consejo de San Alfonse de Ligorio: "En vez de hacer penitencia llevando cilicios o dándose azotes, un buen sacrificio que hace inmenso bien al alma consiste en esto: no dejar un día sin leer alguna página de un libro espiritual. Esto sí hace progresar el alma y lo lleva hacia la santidad." ¿Seré capaz de hacer un sacrificio tan provechoso? ¡Quiera Dios que sí logre hacerlo!.

Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

La Azucena de Quito

Mariana de Jesús Paredes y Flores nació en Quito (Ecuador) el 31 de octubre de 1618, sus padres fueron Jerónimo  Paredes y Flores y  Mariana Jaramillo.  Muy pequeña quedó  y  pasó al cuidado de una de sus siete hermanas, Jerónima, esposa del capitán Cosme de Miranda.  Desde sus más tiernos años, fue asidua su oración, su amor a Cristo, su devoción a la Inmaculada y su entrega a la mortificación corporal.

Previa la autorización de su director espiritual, el padre Jesuita Juan Camacho, hizo voto de pobreza, castidad y obediencia, cuando  apenas tenía diez años, y los guardó esmeradamente hasta su muerte. Alentada por la historia de los misioneros, tomó la resolución de marcharse entre los indígenas, para consagrarse a su evangelización.

La Providencia, por una circunstancia humanamente inexplicable, le impidió la actuación de su proyecto. Fue entonces cuando resolvió reducirse a la intimidad de su casa paterna, en donde vivió un género de vida más riguroso que el del claustro. En el austero retiro, en medio de voluntarias privaciones, pasó el resto de su vida sin salir de allí, a no ser cuando se lo exigían el amor de Dios o a su prójimo.

 

  

Se la llama "La Azucena de Quito" porque en una enfermedad le hicieron una sangría y la muchacha de servicio echó en una matera la sangre que le habían sacado a Mariana, y en esa matera nació una Azucena. Con esa flor es pintada en los cuadros.

Ofrecía sus sacrificios por la conversión de los pecadores. Gozó del don de curaciones, predijo con exactitud muchos acontecimientos y discernía con claridad lo íntimo de los espíritus. Admirable por sus milagros y por el ejercicio esmerado de la ley divina, es Mariana un claro ejemplo de virtud para los cristianos de América Latina. El último ejemplo de su vida no deja ninguna duda de su santidad: mientras una terrible peste azotaba la ciudad, Mariana ofreció su vida a cambio de la salvación de Quito. Pocos días después, agobiada por dolorosa y repentina enfermedad voló al cielo a la edad de 26 años.

En 1645 hubo en Quito un gran terremoto, que causó muchas muertes por  las epidemias que se produjeron, lo que tenía aterrorizada a la ciudad. Un Padre Jesuita dijo en un sermón: "Dios mío: Yo te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos". Pero Mariana exclamó: "No, Señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio yo no soy necesaria... te ofrezco mi vida para que cesen esos terremotos" La gente se admiró de esto, y aquella misma mañana ella empezó a sentirse muy enferma, y cesaron los terremotos.  Por este gesto heróico  el Congreso del Ecuador le dio en 1946 el título de "Heroína de la Patria".

Santa Mariana de Jesús murió el viernes 26 de mayo de 1645. Desde entonces los quiteños le han tenido una gran admiración. Los continuos milagros que hizo después de su muerte,  hicieron que en 1853 Pío IX la  declarara beata, con el expresivo título de Azucena de Quito. Pío XII, el día 9 de junio de 1950, la declaró santa de la Iglesia universal, proponiéndola a los fieles, especialmente a la juventud, como modelo de inocencia y penitencia.

Santa Narcisa de Jesús  Martillo Morán

Narcisa de Jesús Martillo Morán (1832-1869)

Narcisa de Jesús Martillo Morán nació en 1832, en la hacienda San José de Nobol, Daule, Ecuador.  Los dominicos regentaban su parroquia desde hacía casi trescientos años. Fue hija de Pedro Martillo y Josefa Morán, campesinos propietarios, gente sencilla y profundamente creyente.

Su padre, dotado de una inteligencia clara y espíritu de trabajo, reunió una apreciable fortuna. Era muy devoto de la futura Santa Mariana de Jesús y de San Jacinto de Polonia, que se venera con fervor en toda la provincia del Guayas. Los nueve hijos del matrimonio crecieron sanos y robustos, Narcisa ocupaba el sexto lugar.

En 1838, cuando contaba 6 años, falleció su madre. Con la ayuda de una maestra particular y de su hermana mayor, se instruyó en las primeras letras.

Aprendió a leer, escribir, cantar, tocar la guitarra, coser, arte que llegó a dominar con verdadera maestría, tejer, bordar, cocinar. Poseía grandes cualidades, con predisposición especial para la música. Con frecuencia su plegaria se hacía canción, y su cántico fue íntimo y piadoso, entregando el corazón a Quien bien lo merecía, como rezaba una composición que gustaba repetir cuando era jovencita.

Tuvo una clara percepción de su llamada a la santidad, especialmente a partir del sacramento de la Confirmación, que recibió a la edad de 7 años, el 16 de septiembre de 1839. Adquirió la costumbre de retirarse con frecuencia a un bosquecillo cercano a la casa, para entregarse libremente a la contemplación de las realidades divinas. El árbol de Guayabo junto al cual rezaba, es hoy el término de nutridas peregrinaciones. Convirtió en oratorio doméstico, un pequeño cuarto de su casa. Se propuso imitar a Santa Mariana de Jesús, identificándose con la vocación de víctima. Asumió un camino arduo de penitencia, para unirse más íntimamente a Cristo sufriente y ayudarle a la redención del mundo. Colaboraba en los trabajos domésticos y en los del campo. Era una joven reflexiva, amable, alegre, de carácter dulce y apacible, sumamente buena y obediente, caritativa, compasiva para con los pobres, extremadamente piadosa, amada por todo el vecindario. Joven muy hermosa, de ojos azules y cabello rubio, esbelta, fuerte y ágil. Se manifestó una excelente catequista. No podía menos de transmitir el fuego del amor divino a los suyos y a los niños del vecindario.

En enero de 1852 falleció su buen padre. Narcisa, que contaba 19 años de edad, pasó a Guayaquil, y se hospedó con una familia muy conocida que habitaba junto a la catedral. En esta ciudad permaneció hasta 1868, exceptuando unos meses que pasó en la ciudad de Cuenca. Mudó varias veces de morada para preservar su intimidad y dedicarse con mayor libertad a la oración y penitencia, viviendo del trabajo de costurera. Socorría a pobres y enfermos. Fue dócil a las directrices de sus directores espirituales, y compartió ideales, y a veces vivienda, con la Beata Mercedes de Jesús Molina.
Impulsada por un anhelo de mayor perfección y aconsejada por un religioso franciscano, se embarcó en junio de 1868 para Lima, Perú, y vivió como seglar interna en el convento dominicano del Patrocinio, fundado en 1688 en lugares donde solía apacentar su rebaño San Juan Macías. El Señor la favorecía con dones extraordinarios, y le mostraba cuán acepta le era su vida, también en medio de las pruebas del espíritu.

A finales de septiembre de 1869 se le declararon unas fiebres. Poco pudieron hacer los remedios médicos, pero continuó con su ritmo de vida normal, y así hasta finalizar la novena y celebrar con gran gozo, vestida de blanco, la Eucaristía en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, 8 de diciembre de 1869, el mismo día en que el Beato Pío IX abría en Roma el Concilio Vaticano I. Al final de la jornada se despidió de las hermanas, porque iba a realizar un viaje muy largo. Lo tomaron a broma, pero al poco rato una de ellas, la encargada de bendecir las habitaciones, advirtió un resplandor y una fragancia especial en la suya. Acudió la comunidad y comprobaron que había muerto. Contaba 37 años de edad.

Se supo después que había hecho voto privado de virginidad perpetua, de pobreza, obediencia, clausura, eremitismo, ayuno a pan y agua, comunión diaria, confesión, mortificación y oración.
Todos estos votos los mantuvo fielmente. Vivía en continua unión con Jesucristo. Sus mortificaciones fueron muy severas. Llevaba constantemente en su cuerpo la crucifixión del Señor. Tenía una fe firme y una admirable esperanza. Los médicos se maravillaban de que hubiera podido vivir con tan poco alimento.

En su cadáver se advirtieron durante largo tiempo signos de flexibilidad y fragancia, y ante él se obraron múltiples gracias. Lima la aclamó como santa, y lo mismo hicieron las gentes de Guayaquil y Nobol. Las hermanas del Patrocino guardaron memoria de sus virtudes y custodiaron con suma veneración el sepulcro, hasta que su cuerpo, prácticamente incorrupto, se trasladó a Guayaquil en 1955.

El proceso diocesano de canonización fue entregado en la Congregación para las Causas de los Santos en 1964. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 25 de octubre de 1992. El 22 de agosto de 1998 dedicaron un santuario en su honor en Nobol, donde se venera en la actualidad el sepulcro, con su cuerpo incorrupto. La devoción a la «Niña Narcisa» denota la espontánea identificación del pueblo sencillo con esta mujer de la costa ecuatoriana. El ejemplo de su vida pura y piadosa, trabajadora y apostólica, transmite un mensaje muy actual.

Narcisa de Jesús fue canonizada por el Santo Padre, Benedicto XVI el 12 de octubre de 2008, en la Plaza de San  Pedro.

Riial

El año de la Fé

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